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Quisto Ladio blog
El blog de Pico para compartir con el mundo
14 de Octubre, 2010 · General

El día del eclipse - parte II



 

 

3

 

-Y así, señor comisario, me apersono ante usté con el motivo de ofrecerme como testigo de mi vecino don Francisco Lavorato…helo aquí conmigo… quien dice verse en la obligación y la necesidá de formularle a usté una importante denuncia…

  -Bien, bien –responde mecánicamente el comisario Massera, como para romper el hielo y darse por enterado de la presencia en su despacho de dos singulares individuos, cuyas apariencias distaban mucho de ser consideradas propias de ciudadanos comunes-  Pero… ¿Quién es el denunciante?

  -Acá, don “Pancho” Lavorato, que es un ciudadano preocupado…

  -¡Aguarde!...Si él es el denunciante, entonces que denuncie él, no usted… ¿Quedó claro?

  -Correcto, señor comisario, yo creo necesario comunicarle que soy Zutano, Alcibíades… y soy testigo, nada más…

  -Bien, entonces que hable el damnificado…

  -……………………….

  -(A usté le dice, don Pancho…)

  -(No… ¡parece que se equivocó de apellido…!)

  ……………………………………………….

  -Entonces, ¿En qué quedamos? ¿Tiene algo para informar, o no…?

  -Si, yo…Acá traje mi vecino como testigo para dar cuenta que me han robao…

  -Y, ¿Qué le han sustraído, caballero? –dos segundos antes de ver colmada su paciencia, el uniformado preguntó.

  -…El aljibe, comisario…

  -¿Cómo…???

  -Sí, que me han robao el aljibe de adentro de las casas…

……………….

Orestes Massera, comisario mayor de la Jefatura Bell Ville de la Policía de la Provincia de Córdoba, pareció a punto de perder el sentido o creer que ya lo había perdido y lo escuchado era fruto de esa somnolencia entre brumas que lo envolvió. Profesional, al fin y al cabo, trató de hacer sobrehumanos esfuerzos para proseguir con el acto en cumplimiento de sus funciones que debía llevar a cabo ante las dos almas mal aparecidas, las que lo miraban con ojos desorbitados junto al escritorio inventariado, fabricado en algún derivado del cedro español.

  -Bien, bien… ¿Nombre?

  -Francisco Amador Justo Isidro Lavorato, de acá de “Belvil”.

  -¿Profesión?

  -Colchonero…

  -¿Vende?

  -¿Qué cosa…?

  -Colchones, caballero…

  -Ah, no, yo los recompongo…los vuelvo a acomodar.

  - Los recicla…

  -¿Del qué…?

  -Nada… ¿Cuándo se dio cuenta de…la falta?

  -Ayer a la tarde cuando volví de hacer un servicio…Después que volvió la luz.

  -¿Usted se refiere al eclipse de sol?

  -…Debe ser…

  - ¿Y notó que luego de haberse producido el episodio, a usted le habían desaparecido algunas de las pertenencias existentes en su morada?

  -No…Yo le digo que me han robado el aljibe y todo lo de adentro d’él…

  -A ver… (Resoplando, el comisario, buscaba paz interior).

  -Si, mi comisario. No solamente me faltaba el aljibe de material… de esos que son redondos hasta arriba, 28 hiladas de ladrillos de 30…Me faltó también, los dos parantes hechos de caño galvanizado, el travesaño donde yo le encontré una rondana para ponerle, la cadena de ocho metros de largo, una lata de 20 litros que era de aceite “Patito”, una tapa de chapón con mis iniciales aujereadas y el pozo…

  ……………………………………………………….

  -¿Usted trata de decirme, o de hacerme creer, que le desapareció el pozo…es decir, el brocal cavado en la tierra, de un rato para el otro, sin que usted tuviera nada que ver en el asunto????????

  -Disculpe que lo intermedie, excelencia… (Solícito, Alcibíades Zutano, que seguía el hilo de la alucinante conversación sentado en una incómoda silla de esterilla dispuesta en un rincón, intentaba calmar al guardián del orden, con su aporte testimonial).

  -Y usted, ¿¿qué me va a decir, que vio como caminaba el aljibe por la oscuridad…???

  -No, sencillamente quiero agregarle que por algo estoy acá en carátula de testigo…El vecino “Pancho” dice que no tiene más aljibe y así es, nomás…No lo tiene, ahí… solito en el medio del patio…

  -Pero, ¿ustedes  dos tratan de convencerme por todos los medios que, por un eclipse de morondanga, que duró solamente media hora, le pudieron haber hecho desaparecer un aljibe completo y tapado el pozo correspondiente?

  -Para mí que también se lo llevaron… ¿Qué dice usté don Alci?

  -Lo que usté diga yo lo corrorrobaré con su señoría aquí presente…-Atinó a sostener, hidalgo, el autor de las letras que nos ocupan, en un dudoso castellano.

  -¡Miren, ustedes dos!! –Tronó, elevándose sobre sus tamangos terminados en punta, el máximo jefe de la comisaría local- ¡Se me mandan a mudar de inmediato, antes que los encierre por alguna ley que haya sacado recientemente el nuevo gobierno militar!!!!-amenazó implacable y fuera de sí.

……………………………………….

  Massera, se alisó el escuálido bigote a manera de acción tranquilizadora y se hamacó tenso sobre las dos patas traseras de su incómodo aposento oficinista. Buscó respuestas a tanto delirio adjudicable a un fenómeno astronómico que solo por el hecho de que, un satélite menor se interponga entre un planeta y una estrella, pueda esto modificar el habitual sentido de las cosas. Afligido, recorrió mentalmente el manual de la lejana escuela de oficiales de policía y se detuvo en el primer capítulo del jefe de destacamento. “¡Cabo de cuarto!!” –vociferó, luego de recordar que todo superior, al ver arder las llamas de su biblioteca, siempre debe acudir a un subalterno, de modo de poder desviar la mira del cañón en caso de que este apunte para su lado.

  -¡Ordene mi comisario! – devolvió con exagerado porte marcial, el policía de menor rango.

  - Mire cabo, vaya hasta la casa de ese señor Lavagato  y  supervise todo lo asentado a fojas 36 del libro de constancias de exposiciones y denuncias…

  ………………………………………………

  Partió el suboficial hacia el domicilio averiguado, con la inocente presunción de estar trabajando en un tema rutinario como tantos otros que se dan cotidianamente en toda comisaría de pueblo, con mayores o menores matices anecdóticos.

  Hora, hora y media, u hora y cuarenta y  cinco minutos más tarde, cuando pocos eran los dependientes que todavía continuaban deambulando por la sede de la comisaría local, el cabo de cuarto se constituyó ante su jefe, visiblemente conmovido o, por lo que acababa de comprobar o, por el grado de crisis nerviosa que alcanzaría Massera al tomar conocimiento del parte del cabo de cuarto.

  -Permiso mi comisario…-la voz del comisionado apenas superaba al silencio.

  -¡Pase! ¿Que averiguó?

  -Le digo pero, no se enoje conmigo…Ahí va…-tomando aire, el hombre tomaba también coraje- Estuve en lo de “Pancho” Lavorato y lo encontré de lo más feliz. Estaba tomando un vinito Toro-tres- cuarto con el vecino ese raro que tiene…Me dijo que me fijara para el lado del patio y así lo hice. Al no notar nada anormal, me indicó que le describiera lo que veía. Así lo hice, y recité con detalle: una maceta con begonias; una maceta con tacos de reina; una maceta con geranios; una macetón con una rosa china bien roja; un aljibe; una bicicleta amarilla, de carrera, de hombre; una parrilla apoyada en una pared y un perro galgo alazán que se rascaba la sarna, echado al lado de la medianera.

  Como se largó a reír luego de mi contabilización, caí en la cuenta de mi distracción… ¡Ahí, en el medio del patio, estaba el aljibe con cadena, tarro de aceite Patito, tapa con las iniciales y todo…!!!

  -Y entonces… ¡¡¡¡Lo del robo eran cuentos!!!!!!!

  -No lo llamaría así, después de que don “Pancho” y ese señor Zutano me confesaron…Que se había equivocado de casa cuando volvió en medio del eclise. Que creía a pies juntillas que él vivía ahí y resultó ser que vivía al lado, ¡el abombado…!!! Que como era la casa de… ese Zutano, este no se animó a contradecirlo y, para no desairar a su vecino y amigo, se ofreció para todo lo que pudiera hacerle falta… Y como, don Pancho Lavorato le pidió que testificara a favor suyo, no le quedó más remedio que garantizar, de punta a punta, ¡la terrible confusión de su vecino!!! ¿Qué me cuenta?

  -Le cuento cabo que, si veo a esos dos, a 200 metros de la Comisaría, los encierro por sedición, alucinación, subversión y ¡faltarle la verdad a la autoridad policial!!!!!!

  -¡Ah, me olvidaba –soltó el último dato el cabo de cuarto investigador- Me encargaron los dos que le diga que los perdone y que cuando quiera, que vaya a comer un asadito a cualquiera de las dos casas…!

   ………………………………….

 Massera, se dividió el peinado exactamente por la mitad meridiana y evaluó en horas, el tiempo que lo separaba de su merecido retiro en cumplimiento del deber. A esa altura del ajetreado día, los números no alcanzaron una cifra coherente, como nada de lo que le pasó después que concluyó el eclipse.

 

 

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publicado por pico a las 18:58 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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