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14 de Octubre, 2010 · General

La maestra y el jefe de Policía



 

XVII

 

Una pertinaz llovizna incidía sobre las humanidades de los pocos bellvillenses que debían, por los más diversos motivos, deambular entre oficina y oficina, entre comercio y comercio y de casa en casa, según fuera la actividad laboral que desarrollaran. A pesar de no haber llegado aun el mediodía, no eran pocas las ventanas y vitrinas que ofrecían sus luminarias encendidas, atento a la escasa visibilidad que reinaba en ese día.

   Un frío impiadoso, brindaba apropiado marco a tan típico paisaje invernal de la pampa húmeda.

   Aterido, busqué inmediato resguardo en dependencias de la Biblioteca Municipal, en ese viejo edificio donde oportunamente funcionara el Banco de la Provincia de Córdoba. Sarmiento y Córdoba, para ser preciso en el detalle cartográfico. ¡Ja!

  Simultáneamente al recuerdo de tal circunstancia, me vino a la memoria un episodio que había tenido como ámbito las cercanías de esa esquina legendaria y me había sido relatado también por mi amigo e informante, don Agustín. Bastante tiempo antes de que el hombre desapareciera de mis cercanías, ahuyentado por químicas aplicaciones y firmes determinaciones familiares y galenas.

  Singular, la situación involucraba otros componentes, ya que formaba parte del vasto, nutrido y discutido historial de Domingo Faustino Sarmiento, en sus frecuentes viajes a la provincia de Córdoba.

  Sarmiento y Córdoba, haciendo esquina.

  Sacudiéndome algo de lo húmedo de mi estampa, me pareció que una pormenorizada película se desplegaba ante mis ojos…

  La veía…casi hasta creer que su aroma de mujer plena inundaba el hall de la Biblioteca Municipal Ramón Cárcano.

  …………………………………………..

  Se llamaba Clemencia R. de Ceballos, llegó repentinamente una mañana a la ciudad de Bell Ville. La precedía cierto renombre como educadora, se la decía viuda o divorciada de un caballero alemán que la llevó a conocer los grandes centros europeos.

  Ni bien se estableció por estos lares, dedicó sus afanes en la creación de un colegio. Así fue que el 9 de marzo de 1874 fundó el Colegio Español, para niñas, subvencionado por la Provincia y la Nación. “De sus aulas muy pronto comenzaron a emerger virtuosas jóvenes exponentes, que se distinguieron en el hogar, en la vida social y aun pública, pues muchas de ellas casaron con hombres que gravitaron en la provincia y el país” –al decir  culturalmente misógino de don Agustín.

  Paralelamente con su acción formadora, su vida social muy pronto adquirió relevancia por su natural desempeño que la llevó a ser “reina de los salones y de la moda local”.

  Estas últimas características no pasaron inadvertidas para el entonces presidente Sarmiento, quien comenzó a frecuentar cada vez más  Bell Ville, siendo convenientemente agasajado socialmente, incluyendo sofisticados platos a los que era reconocido afecto, el gran sanjuanino.

  Así fue que, de tarde en tarde, Sarmiento pisaba los andenes de la estación bautizada por su anglicana afición. Ya fuera en su carácter de mandatario de la Nación, responsable del Consejo de Educación o como, sencillamente…Domingo.

  Mientras tanto, Clemencia, era la encargada de los actos centrales por el 25 de Mayo, el  9 de Julio o las fiestas de fin de curso, decorando los espaciosos salones con refinado buen gusto. Allí se cantaba, se declamaba, se danzaba y se confraternizaba con lo mejor de la sociedad bellvillense de aquellos entonces.

  Claro está que no solamente Sarmiento aspiraba a obtener la simpatía de la dama de las virtudes. Un caballero inglés, Heber Cobhan, también cayó victima de los encantos de la mujer. Al hombre no se le conoció otra ocupación que “la de adorar a Clemencia –según la narrativa de don Agustín –Verdadero esclavo de esa pasión, desapareció del pueblo tan solo se fue su ideal”-aclaraba el historiador.

  “El británico, era un hombre alto, cuello largo, con poca expresión en su fisonomía. Desgarbado, aunque vestía como un dandy; lo solían llamar los renombristas ‘El avestruz’”.

  Como ya se sabe, en esos tiempos, Marcos N. Juárez, se encontraba a cargo de la jefatura política del departamento Unión. Su hermano, Miguel Juárez Celman, en tanto, era el gobernador provincial y de allí la influencia de Marcos en esta región.

  Este jefe político, hombre de finas costumbres y modos agradables, estaba casado con Claudina Revol, dama de exquisita cultura y dotes de exquisita hermosura, quien , con ello, contribuía a dar realce a la figura carismática de su esposo. No obstante, Juárez apreciaba sobremanera la presencia de la docente Clemencia, quien le retribuía su confianza y visitaba la casa del uniformado.

  Repentinamente, el vínculo social establecido entre ambos se vio tronchado. Sin que hubieran trascendido formalmente los motivos del distanciamiento, las habladurías se hicieron cargo de la escena, atribuyéndole perfiles amorosos y algún requiebro no demasiado bien correspondido.

  Cuestión que, en lo sucesivo, Juárez nunca más habló bien de Clemencia y , ella, al referirse al hombre de armas, lo despreciaba con finos adjetivos.

  Aparentemente, la ocasión de la venganza no tardó en presentarse para el duro y batallador Marcos Juárez. Para ello, supo valerse de una mano artera, insensible y obsecuente para con su jefe. El comisario de la población.

  El subalterno, de quien la historia de Bell Ville tuvo el muy buen tino de olvidar en nombre y apellido, cumplió órdenes, aunque estas implicaran la demostración más acabada de la cobardía.

  Fue en esa esquina de la llovizna reciente, Sarmiento y Córdoba, que cruzaron sus pasos Clemencia y el policía. La mujer reclamó prioridad ante lo estrecho de la acera. Lejos, muy lejos de ello, el comisario, acordándose del pedido supremo, se lo negó de la peor manera. No descendió a la calzada, no cedió a la gentileza y ofendió a la educadora propinándole una feroz bofetada al rostro, al tiempo que le profería el más grosero de los insultos que puede recibir una mujer, sea cual sea su condición.

  De la nada, surgió solícita la figura del galante inglés Heber Cobhan. De su brazo, pudo la dama herida hasta lo más profundo, retirarse de semejante escenario del dolor. Envalentonado luego de su cumplimentada misión, el jefe de la Policía retornó con la buena noticia para el lado de don Marcos Juárez.

  De inmediato, los diarios de la capital cordobesa titularon el incidente con el mayor impacto. La oposición bellvillense también adoptó postura condenando al jefe Marcos Juárez. Los bandos se irreconciliaron.

  Desde ese infausto día, Clemencia no volvió a tener vida social. Su ofendido rostro, no volvió a ser advertido por las calles de la población. Pocas fueron las adhesiones que recibió en su casa, Marcos Juárez era demasiado importante.

  No obstante, ella no olvidó su firme compromiso con el alumnado. Con la misma dedicación elaboró los exámenes de fin de año y una vez más, el éxito coronó su noble empresa. Ya concluidas las calificaciones, reunió a los padres que habían continuado enviando a sus hijas al Colegio, pese al incidente.

  Clemencia les habló: “Estas niñas a las que tanto quiero, no pueden tener como guía a una mujer deshonrada como yo. Me despido de todos quienes confiaron sus hijas a mi cuidado; en recompensa les dejo mis lágrimas, que es lo único que aun poseo…” –pronunció dolida.

  La dama se trasladó casi de inmediato a Buenos Aires instalándose en el barrio de Belgrano; ayudada para ello, por conocidos alemanes, ingleses y criollos, que supiera conocer con anterioridad. Allí sobrevivió dando clases de inglés y alemán, más la ayuda de algunos alquileres en pensión.

  Sarmiento, enterado de la situación, procedió a tramitarle un beneficio previsional. Según parece, Ponciano Vivanco, como presidente del Consejo de Educación, le consolidó la pensión con la que pudo sobrevivir dignamente hasta su última hora.

  Ella nunca más volvió, muchos en Bell Ville, la olvidaron para siempre.

  Su tarea, vienen estas imperfectas letras a destacar. Clemencia R. de Ceballos fue la gran voz que se pronunció clara y progresista en ocasión del “Primer Congreso Pedagógico” celebrado en Buenos Aires por aquellos años.

  Una vez más la llovizna se acentúa sobre Bell Ville. Probablemente sea esa la recompensa de la cual hablaba la destacada dama.

       

 

 
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publicado por pico a las 17:19 · 1 Comentario  ·  Recomendar
 
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Comentarios (1) ·  Enviar comentario
Estimado David, estoy investigando sobre la vida de Clemencia Ceballos. Ella vivió los últimos años de su vida en Morón, provincia de Buenos Aires y tuvo una destacada actuación como docente y además impulsando la construcciónn del primer monumento a la Independencia que estuvo muchos años en la plaza principal. También he encontrado información sobre su actuación en el Congreso Pedagógico de 1882. Lo que has publicado me dejó sorprendida y muy interesada ya que nada se sabe en Morón de la vida de esta destacada mujer en su juventud. Me gustaría que me envíes mas información o donde encontrarla, porque estoy escribiendo sobre las mujeres de Morón de comienzos del siglo XX y ella fue una de las importantes.

Desde ya te agradezco muchísimo y espero respuesta. Cordialmente Graciela Saez (Directora del Instituto y Archivo Histórico Municipal de Morón
publicado por graciela saez, el 08.09.2011 21:05
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