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Quisto Ladio blog
El blog de Pico para compartir con el mundo
02 de Marzo, 2010 · General

UN QUISTO LADIO EN FRAYLE MUERTO


IV

El flaco testamento de don Lara

 

Con una lloviznita finita, de esas que, no parece, pero a las dos o tres cuadras, ya te ha dejado las “Flecha” y los “Far West” imposibles de aguantar por su propio peso y densidad. Así se presentaba la caída de la tarde, casi sin hacer ruido.

  Me encontraba de retorno de acompañar a mi viejita, quien me había venido a visitar por unos días y la acababa de dejar en la antigua casa paterna. Ella acostumbraba pernoctar allí cada tanto que se arrimaba al pueblo, a pesar que en esas cariñosas paredes de la Pío Angulo, ya no quedaban más que hermosos recuerdos de lo que nunca volvería a ser.

  Por la Tucumán, no acertaba a pasar ni un solo auto de alquiler. Ningún conocido, tampoco, se dignaba a trasladarse con ganas de arrimarlo a uno unas cuadras, aunque más no sea, en medio del incómodo chubasco.

  Me detuve al borde del improperio, en el final de la Güemes. Allí, donde alguno honró a un ancla, vaya a saber por cuales históricas, épicas, éticas y singulares circunstancias, que yo hasta el momento desconozco. Ya casi ni veía a dos pasos, por la cerrazón. A mi lado alguien también soportaba similares condiciones climáticas, aunque sin la enojosa exteriorización que yo hacía de ello. No era para menos.

  -¡Qué fiero que está! –dijo para sí, mi ocasional compañero de desgracia, mientras oteaba Tucumán atrás, en procura ansiosa de algún alma caritativa.

  -¡Me va a decir a mi! –respondí diez centímetros antes de la guarangada, ofuscado.

  -Algo así supe atravesar en el 80…-acotó el extraño.

  -¡Mire, usted! ¡Yo ni me acuerdo en que año estamos...! –le espeté maleducado.

  -1880… -prosiguió provocador el transeúnte.

  -¡Usted! –reaccioné por fin, mientras me sacudía el malhumor y la empapadura del suéter beige.

  -Buena moza su madre…sin ofender  –arremetió confianzudo, mi viejo y ya confidente amigo venido desde las inmensidades de lo inenarrable.

  -¡Deje don Agustín, que, padre ausente…ya tuve…! -dicharachero, le seguí la corriente.

…………………………………………….. 

 

Paró. De rompe y raja, la jodida garúa, paró.

  Las tímidas luces de la planta de EPEC, nos volvieron a guiñar sus candiles amarillentos como cómplices de esta novelesca que ni yo mismo me atrevo a tomar demasiado en serio.

  Medio entre resbalones inducidos por la húmeda superficie de la piedra adoquinada, no perdí ocasión de salpicarme hasta lo más alto. En tanto, mi adlátere, pulcro por demás, indicaba el camino inexorable. Al Parque Tau.

  Del bolsillo interno derecho del demodé casimir que don Agustín lucía, una esmerilada petaca de, no sé cual infusión espirituosa, vio las estrellas alineadas con la Cruz del Sur.

  El gaucho del “monumento al gaucho”, no estaba en su lugar. Llamativamente, no le presté al suceso la debida atención. Ya estaba cauterizado de desfasajes históricos desde la irrupción abrupta en mi vida de relación, de este noble anciano, cuya existencia real no constaba en mis conocimientos escolares adquiridos. Lo mismo me sentía a gusto departiendo con este proto-sabio llegado de la nada.

  -¿Sabe lo del 9 de noviembre, no? –gatilló impune.   

  -¿Lo de cuándo…? –balbuceé. 

  -Del festejo del día del pueblo… -ayudó don Agustín.

  -Si usted no me lo dice…

  -Le digo, entonces…

……………………….

 El “entonces”, se convirtió en la prolongada retahíla de datos ahorrados durante largos años de alguien que, seguramente, tenía mucho más que ver con el devenir in situ de los hechos que los recopilados por un esforzado y afiebrado roedor de bibliotecas.

  Al parecer, y tal como lo digerí de la narrativa del avenido don Agustín, en Bell Ville, se celebra formalmente como “día del pueblo” la fecha que, aproximada, consta en los archivos históricos de la provincia y papeles oficiales españoles que ponen coincidentemente de manifiesto tal detalle.

  Esta fecha, 9 de noviembre, cita el momento histórico cuando, el sargento mayor Lorenso de Lara, expresa su voluntad testamentaria. Era 1628 y aún le restaban 53 años de vida.

  Un 25 de junio de 1681, con algún albacea aturdido por el polvo del camino y su viuda, doña Marcela de Mendoza, única heredera, ya que la pareja no tuvo hijos; se leyó el legado que el pionero  había podido conservar, luego de haber conocido mejores tiempos en los territorios anexados a la corona española.

  “La casa consta de una sala de 12 pies  de ancho por 14 de largo, de adobe crudo y techo de paja embarrada. Del mismo material es la capilla anexa donde se encuentra un nicho que alberga una imagen de la Inmaculada, patrona del sitio. La misma tiene una corona de 10 a 12 onzas de plata, dos mantos con cuatro velos y otros. Los ornamentos son un frontal y casulla de damasco, de flores de seda; dos pares de manteles, un misal y una campanilla. 15 varas de galón de plata falsa, un cáliz de plata con patena y corporales, un hostiario de plata y un azadón nuevo.

  El mobiliario, ni se menciona por su escaso valor, solo se deja constar la existencia de algunas herramientas de labranza, en regular estado de uso. 

  El plantel animal estaba compuesto, a esa fecha, apenas por 556 yeguas garañón con 26 padrillos, 42 mulas de año, 122 potrancas y potros de año, 15 burros hechones y 5 pollinos de dos años. Una manada de 20 yeguas y un potrillo ruano, 20 vacas, cinco bueyes, cuatro yeguas mansas, 8 caballos. Dos corrales, uno grande y uno chico. Y sus campos.

  De esos campos -tocados en suerte por Lorenso de Lara- en su testamento, quiso dejar parte, a sus ahijadas María Ramos y Micaela Romero. A la primera le cedió desde ‘el Paso Grande’ hasta Los Chañares, con su fondo de dos leguas. A la segunda, le otorgó ‘desde la bajada de Los Chañaritos hasta una sepultura antigua que existe en la zona’. Singularmente, el sargento mayor, legó a Ana Montoya, esposa de Agustín Morales, una franja de sus tierras costeando el río ‘desde el Paso Grande, hasta unos chañaritos que marcan una bajada donde bebe el ganado’. Hoy lugar de erección del puente Sturla”.

  Esa era tal su total heredad.

  -¡Sotatere, don Agustín! ¡No había tanta lana en el colchón…!

  -No le entiendo…

  -Que, por ser motivo de referencia como fecha de aparición del nombre del paraje en papeles oficiales, no era para tanto…

  -Pasa que ese asentamiento vino a tener superlativa importancia en los tiempos que vinieron poco después. Fue sitio obligado de paso y detención de todo el mundo de a caballo. Sin dudas, la ubicación de esos solares era sumamente estratégica aún para esos remotos años. Yo recuerdo…

  Lo interrumpió, solidariamente conmigo, un quejumbroso crepitar del ramaje aledaño. Por la escasa luz no logré yo divisar ningún ser animado en las inmediaciones, Solo me perturbó, ya de regreso sobre nuestros pasos, ver nuevamente encaramado sobre su pedestal al personaje que representa la alegoría de los antiguos habitantes de las llanuras.

  Regresando por la vieja vera del río, ya sin prestar la menor atención a la perorata extra temporal; me dispuse a retomar la avenida España y dejar a mi enciclopédico asesor librado al azar de las cinco o seis dimensiones habidas y por haber.

  Fue en ese entonces que, insistente, don Agustín me tomó del suéter húmedo y me dijo:

  “¿Recuerda lo que le dije del mojón histórico que reconocía Lara en sus propiedades y que se llamaba Paso Grande…?

  -Ajá…-acoté, como para devolver algo.

  -Usted está en él, precisamente…en esta parte del río en la que desembocan las avenidas Güemes y España. Por aquí, joven, pasó el Libertador y Belgrano y… ¡la Patria, mi incrédulo amigo!

  Nuevamente la llovizna se apoderó de los primeros planos de esa jornada, obligando a desarticular la tensión generada en mi emotividad, producto de semejante aseveración -con énfasis patriótico incluido- vertida por mi amigo venido desde lejos.

  Encorvé mi torso -como si me fuera a mojar menos- y desandé las pocas cuadras que me separaban del “Paso Grande”. Ni reparé esta vez en la suerte corrida por don Agustín. El era de los que, cuando llueve, no se mojan.

  Ahora sé por qué.

 

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publicado por pico a las 23:52 · 1 Comentario  ·  Recomendar
 
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Comentarios (1) ·  Enviar comentario
Como de costumbre, un maestro. Me encantó!!!!
Para la próxima decile a tu programa que no me haga escribir todas esas letritass del camptcha porque me equivoco. No soy una compu!!!!!
publicado por MARIA ALEJANDRA AGUERO, el 03.03.2010 00:37
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